viernes, 28 de octubre de 2011

Historia y Derecho en el retorno de colombianos desde EE.UU.


Juan Sebastián Jaime Pardo
En el pasado Coloquio de Género, Suzy Bermúdez Quintana puso sobre la mesa su trabajo, aún sin publicar, titulado Retorno de colombianos y colombianas desde Estados Unidos hacia Bogotá, 1965 – 1970. Aunque el título no lo anuncia, el texto tiene una “perspectiva de género, global y transnacional”.
Tuvimos la oportunidad de debatir con ella diversos puntos del texto, como lo son la influencia de la iglesia católica, de los movimientos estudiantiles en las migraciones y en el texto, la importancia del turismo en el tema de las migraciones, las migraciones internas a la ciudad como primer paso para las migraciones internacionales, entre otros. Bermúdez en su texto nos lleva de la mano en diferentes aspectos de las migraciones y los retornos. Sería interesante discutirlos todos, pero por cuestiones de espacio me limitaré a resaltar el punto que más me interesa: la convergencia del derecho y la historia en identificar los factores estructurales que determinan estos retornos.
Para la discusión resultó muy importante la definición de varios conceptos. Por ejemplo, Bermúdez trae a colación las definiciones de retorno que hace la Organización Internacional para las Migraciones. En el texto se exponen siete definiciones de retorno: retorno virtual, físico, permanente, temporal, voluntario (espontáneo o asistido), forzado, migración de retorno, etc.
Es en este punto en el que el debate se pone más interesante, pues tanto para una historiadora como para un abogado las definiciones resultan problemáticas. Para demostrar lo difusas que pueden ser estas categorías, Bermúdez llama a discusión a Shri Taran (2010), para quien el retorno puede ser fácilmente voluntario e involuntario a la vez; ella lo llama retorno ambivalente. Los retornos en general, para Shri Taran, están determinados por diversos motivos estructurales, entre ellos el trabajo, el papel del Estado, los diferentes tipos de discriminación, los roles de género, etc.
Es aquí donde Bermúdez abre una gran puerta al derecho y a la teoría del poder de Catharine A. Mackinnon[1]. Por medio de la crítica feminista radical se expone la idea de que el derecho es un reflejo de la cultura patriarcal. Por este motivo, el derecho busca controlar la sexualidad de la mujer, convirtiéndola en un objeto[2]. En este sentido, ambas autoras estarían de acuerdo en que las normas reflejan la estructura social, que en algunos casos impulsan y en otros casos retienen a las mujeres en el retorno.
Un ejemplo de lo anterior puede ser el de las bailarinas exóticas en Canadá. Gloria Patricia Díaz hace un análisis de este caso, donde sostiene que en realidad no es la ilegalidad o no de la inmigración lo que define la mayor vulnerabilidad de las bailarinas exóticas, sino es su estado de temporalidad.[3] A pesar de que “la HRDC [Human Resources and Skills Development Canada] ha declarado públicamente que existe una escasez temporal de la mano de obra canadiense que se desempeñe como bailarinas exóticas” y de los numerosos programas que han existido en este sentido, la CIC (Citizenship and Immigration Canada) no ha incluido esta profesión “dentro de las deseables para inmigrar en condición de residentes permanentes”[4]. En este caso, la estructura nuevamente refleja la cultura patriarcal, impulsando a las mujeres a ser trabajadoras temporales y disparando su vulnerabilidad.[5]
Las mujeres tienen que soportar cargas más onerosas para vivir en sus destinos y en muchos casos sus retornos son más traumáticos, pues deben sortear mayores obstáculos legales y culturales. Sin embargo, pueden migrar y retornar fácilmente cuando son “hijas de”, “esposas de” o “hermanas de”.[6] Así se evidencia en los numerosos recortes de prensa que presenta Bermúdez. Es decir, cuando son dominadas pueden librarse de gran parte de las cargas impuestas como migrantes mujeres, se invisibilizan tras la autoridad de su dominador.
Dentro del debate que tuvimos ese día estuvimos de acuerdo en que aún hoy, más de 40 años después de la situación bajo análisis, persisten las situaciones que describe Bermúdez en su texto. También estuvimos de acuerdo, al menos la mayoría, en que los factores estructurales muchas veces encarnados en políticas públicas y normas locales (y su caracterización) han sido los encargados de estabilizar las variables de migración y retorno para las mujeres.



[1] Ver: Catharine Mackinnon, “Hacia una teoría feminista del Estado” EN Mauricio García Villegas , Isabel Cristina Jaramillo y Esteban Restrepo, Crítica Jurídica; Ediciones Uniandes, 2006. y Catharine Mackinnon, “Feminismo, Marxismo, Método y Estado: Hacia una teoría del derecho feminista”, EN Íbid.
[2] O más precisamente en encarnaciones ambulantes de las necesidades proyectadas de los hombres”. Feminismo, Marxismo, Método y Estado: Una agenda… Op. Cit. P. 181.
[3] Gloria Patricia Díaz, “Bailarinas Exóticas, Striptease e Inmigración en Canadá” EN Colombia Internacional, Departamento de Ciencia Política - Uniandes, 2004, número 59.
[4] Íbid. Pp. 144-145.
[5] Aunque Mackinnon a lo mejor iría más allá en cuanto a la profesión misma.
[6] “El doctor Luis Fernando Ospina y su señora Mercedes Lozano de Ospina residentes en Detroit, están participando a sus amistades de Bogotá al nacimiento de su hijo, en el Saint John Hospital. La señora de Lozano viajará a esta ciudad en donde pasará una temporada con sus hijos en su interés por visitar a sus familiares”
"Doña Maria Montaña de Rueda Vargas es esperada en Bogotá en los últimos días de la semana. Con ella llegan su hija Consuelo Rueda de Vollmer, quien siguió un curso de Voluntariado en Boston, y el doctor Guillermo Rueda Montaña y su señora Sonia Escallón de Rueda, quienes después de una temporada en Europa viajaron a Boston para reunirse con la familia (..)"
"Guadalupe de la Concha, hija de don Enrique de la Concha y de doña Emilia Álvarez de la Concha, pasó una temporada en los Estados Unidos; en Nueva York estuvo hospedada en casa del doctor Germán Zea (..)"
"En Miami pasaron la temporada de Semana Santa don Guillermo Pignalosa y su señora Elvia de Pignalosa" El Espectador, Viajeros, Martes, 20 de Abril de 1965

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